sábado, 27 de febrero de 2010

Lo siento.

Tumbados en la cama después de un largo día. El, centrado y ordenado. Ella, espontánea y libre. Tan diferentes como dos gotas de agua. Ella enamorada de su sonrisa, de sus reglas, del orden que ponía a todo, de sus buenas decisiones, de su perfección y la forma en la que media cada situación. El… el enamorado de su trabajo.
-¿Sabes que, cariño?
-¿Qué?
-En el amor, hay siempre una persona que ama más que el otro -La tristeza asomo por sus ojos mientras contemplaba la confusa cara de el- A veces desearía... oh, joder, ojala que no fuera yo.
Se echo a llorar y el la abrazo sin decir nada. El la envidiaba, la quería por encima de todas las cosas, pero era demasiado prudente para permitir enamorarse.

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