El ya lo sabia todo e intentaba cuidar de ella. Elia se hacia la fuerte y le rechazaba, llevaba dias intentando evitarle, ignorando sus llamadas, llorando a escondidas y emborrachandose hasta perder el control.
-Tia, tú estás flipada en serio
-Tranquilito monín, ¡que estoy de cine!
-¡Pero si vas hasta el culo Elia! No puedes ir a casa así, es Miércoles joder...
-¿Sabes qué te digo?
-Sorpréndeme
-Pienso ir a casa de mi padre. Pienso llegar así. Y pienso gritarle lo repugnante que es.
-¿De verdad?
-No.
La pequeña perdió el equilibrio y calló al suelo estrepitósamente.
-¡Elia!
Se quedó de rodillas y sin previo aviso, rompió a llorar. Se aseguró de llevar la chaqueta bien puesta, tapandole cada parte de su torso y notó los brazos de su acompañante rodeandola con fuerza.
-¿Es ya el momento de que pare?
-Es desde hace mucho pequeña...
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jueves, 11 de febrero de 2010
lunes, 25 de enero de 2010
La verdad.
La siguió. Estaba hartándose de tanto secreto y aquel miércoles Alec la siguió.
Elia caminaba distraída por la avenida, llevaba el pelo recogido en un moño descuidado y un vestido corto verde que hacía que sus ojos brillaran más. Estaba realmente guapa. Vio como se perdía en un sombrío callejón hasta una casa antigua.
-Mierda… -se quejó Alec.
Afinó el oído. Nada. Unas voces y silencio. Nada otra vez. Un golpe. Unos sollozos. Nada. Un grito. ¿Un grito? Alec se alarmó y llamó a la puerta, pero nadie abrió. Quejas de nuevo. Silencio. Llamó a Elia.
-Deje su mensaje después de la señ… -cuelga.
Nota como le sudan las manos, su sonrisa se ha convertido en una mueca de preocupación e impaciencia. Se mueve de un lado a otro, sin saber que hacer, mientras se fuma un Malboro velozmente, aspirando el cigarrillo con fuerza. Se sienta en unos escalones cercanos a la casa y se recuesta sobre la pared sin dejar de vigilar la vivienda por la que su pequeña ha desaparecido, ahora recapacita que no ha sido buena idea venir.
Se despierta al oír varios lamentos. “Mierda, me he quedado dormido” piensa y mira con el rabillo del ojo a su alrededor recordando que hace allí. En una esquina del callejón, detrás de unas bolsas de basura, una chica llora tirada en el suelo.
-¿Hola? ¿Hay alguien ahí? -No hay respuesta.-¿Qué te pasa?
-¿ALEC?
-¿ELIA?
Alec corre hacía ella y se arrodilla a su lado mientras la niñita se acurruca en sus brazos.
-Pequeña… ¿Qué te han hecho?
-Llévame a casa, quiero irme a casa –dice en un suspiro mientras sus brillantes ojos verdes se han convertido en un color seco, el color del miedo, del dolor. Su vestido esta rasgado por varias zonas y su pequeño cuerpo esta teñido de moratones.
Esa noche la pasan en casa de él, mientras Alec cura sus heridas con gasas, alcohol y amor, la pequeña le cuenta la verdad, toda la verdad. Él no dice nada, ella llora toda la noche. Ella le pide que no la deje sola, él la promete que se va a quedar a su lado. Él la pide un beso, ella se lo da. Ella le susurra un “te quiero”, él la responde “yo, más”.
Elia caminaba distraída por la avenida, llevaba el pelo recogido en un moño descuidado y un vestido corto verde que hacía que sus ojos brillaran más. Estaba realmente guapa. Vio como se perdía en un sombrío callejón hasta una casa antigua.
-Mierda… -se quejó Alec.
Afinó el oído. Nada. Unas voces y silencio. Nada otra vez. Un golpe. Unos sollozos. Nada. Un grito. ¿Un grito? Alec se alarmó y llamó a la puerta, pero nadie abrió. Quejas de nuevo. Silencio. Llamó a Elia.
-Deje su mensaje después de la señ… -cuelga.
Nota como le sudan las manos, su sonrisa se ha convertido en una mueca de preocupación e impaciencia. Se mueve de un lado a otro, sin saber que hacer, mientras se fuma un Malboro velozmente, aspirando el cigarrillo con fuerza. Se sienta en unos escalones cercanos a la casa y se recuesta sobre la pared sin dejar de vigilar la vivienda por la que su pequeña ha desaparecido, ahora recapacita que no ha sido buena idea venir.
Se despierta al oír varios lamentos. “Mierda, me he quedado dormido” piensa y mira con el rabillo del ojo a su alrededor recordando que hace allí. En una esquina del callejón, detrás de unas bolsas de basura, una chica llora tirada en el suelo.
-¿Hola? ¿Hay alguien ahí? -No hay respuesta.-¿Qué te pasa?
-¿ALEC?
-¿ELIA?
Alec corre hacía ella y se arrodilla a su lado mientras la niñita se acurruca en sus brazos.
-Pequeña… ¿Qué te han hecho?
-Llévame a casa, quiero irme a casa –dice en un suspiro mientras sus brillantes ojos verdes se han convertido en un color seco, el color del miedo, del dolor. Su vestido esta rasgado por varias zonas y su pequeño cuerpo esta teñido de moratones.
Esa noche la pasan en casa de él, mientras Alec cura sus heridas con gasas, alcohol y amor, la pequeña le cuenta la verdad, toda la verdad. Él no dice nada, ella llora toda la noche. Ella le pide que no la deje sola, él la promete que se va a quedar a su lado. Él la pide un beso, ella se lo da. Ella le susurra un “te quiero”, él la responde “yo, más”.
sábado, 23 de enero de 2010
El secreto.
Llevaban horas tirados en el césped descubriendo un poco mas de cada uno, entre besos y risas.
-¿Mañana te veré?
-Es miércoles, no puedo.
El soltó un suspiro y examino con su mirada la de Elia intentando descifrar lo que pasaba por su mente.
-¿Por qué?
-No puedo –dijo secamente.
Alec abandonó las esperanzas, no era la primera vez que ese tema había surgido, pero nunca obtenía respuesta. Se levanto y se fue. Elia cerró los ojos y recordó cada miércoles desde que tenia seis años, cuando su madre la abandonó, si, le había mentido, ella no estaba muerta pero para Elia era lo mas parecido.
-¿Mañana te veré?
-Es miércoles, no puedo.
El soltó un suspiro y examino con su mirada la de Elia intentando descifrar lo que pasaba por su mente.
-¿Por qué?
-No puedo –dijo secamente.
Alec abandonó las esperanzas, no era la primera vez que ese tema había surgido, pero nunca obtenía respuesta. Se levanto y se fue. Elia cerró los ojos y recordó cada miércoles desde que tenia seis años, cuando su madre la abandonó, si, le había mentido, ella no estaba muerta pero para Elia era lo mas parecido.
jueves, 21 de enero de 2010
E corazon A
Elia llevaba horas con la cabeza hundida en la almohada escuchando cada pista de su reproductor mientras analizaba cada una de las palabras de aquellas melodías, buscando alguna que reflejaba lo sentía por Alec. Estiró el brazo hasta la mesilla y apresó el móvil con las manos, como si en cualquier momento se fuera a escapar. Descubrió cuatro llamadas de él y se estiro de los pelos maldiciéndose más de quinientas veces. La quinta llamada entro en su móvil con la canción de “You and Me”.
-¿Sí?
Al otro lado del teléfono solo se escuchaba un tráfico lejano.
-Ehm... ¿hola?
-Hola.-dijo con voz firme.
Cuando su mente analizó esa voz, sus mejillas se colorearon de rojo intenso y apretó la mandíbula con fuerza.
-¿quién eres?
-¡Sabes de más y de sobra quien soy pequeña Elia!
-Que va, realmente no tengo ni idea.
-Soy Alec.-Dijo exasperado.
-¿Alec? No conozco a ningún Alec...
-¿Sabes que mientes mal hasta por teléfono?
-Oye mira, no se que quieres y la verdad no me importa mucho, así que hasta otra, monín.
La línea de teléfono se corto pero los dos siguieron riéndose al otro lado del aparato. Elia se puso sus pequeños botines, sus gafas de sol y salio en dirección a la estación del lado sur donde alguien la esperaba impaciente mientras con su navaja marcaba una E separa de la A por un minúsculo corazón.
-¿Sí?
Al otro lado del teléfono solo se escuchaba un tráfico lejano.
-Ehm... ¿hola?
-Hola.-dijo con voz firme.
Cuando su mente analizó esa voz, sus mejillas se colorearon de rojo intenso y apretó la mandíbula con fuerza.
-¿quién eres?
-¡Sabes de más y de sobra quien soy pequeña Elia!
-Que va, realmente no tengo ni idea.
-Soy Alec.-Dijo exasperado.
-¿Alec? No conozco a ningún Alec...
-¿Sabes que mientes mal hasta por teléfono?
-Oye mira, no se que quieres y la verdad no me importa mucho, así que hasta otra, monín.
La línea de teléfono se corto pero los dos siguieron riéndose al otro lado del aparato. Elia se puso sus pequeños botines, sus gafas de sol y salio en dirección a la estación del lado sur donde alguien la esperaba impaciente mientras con su navaja marcaba una E separa de la A por un minúsculo corazón.
lunes, 18 de enero de 2010
La invitacion.
Sonó el timbre y a ella se le acelero el corazón. No hacia más que un par de días cuando llegó al local en el cual le conoció y le entrego una pequeña tarjeta al camarero para él.
Le hizo esperar un poco, su madre siempre le había dicho que a los hombres hay que hacerles esperar. Se arregló la blusa y la falda del uniforme de la escuela y adornó, con las manos, su pelo antes de abrir la puerta.
-Buenas noches, Elia.
-Buenas noches, Alec.
Un escalofrío recorrió la nuca de Alec cuando ambas miradas se encontraron, no quiso saber el motivo de la repentina tarjeta de invitación ni como, pero como el predijo, ella volvería a el.La pequeña desabrochó un par de botones de su camisa blanca. Se puso de puntillas y lo besó con una intensa ternura. Las manos de él sujetaron las mejillas de la niña siguiendo rítmicamente aquel pulso entre sus lenguas. Elia pasó los brazos alrededor de su cuello besándole con más fuerzas y Alec acaricio sus muslos finos y suaves y con un ligero movimiento la levantó, pegando su pequeña espalda a la pared y perfilando sus labios con la punta de la lengua [...]
Esa chiquitita le robaba la razón.Pero ese hombre la hacía realmente disfrutar tras un mal día.
Le hizo esperar un poco, su madre siempre le había dicho que a los hombres hay que hacerles esperar. Se arregló la blusa y la falda del uniforme de la escuela y adornó, con las manos, su pelo antes de abrir la puerta.
-Buenas noches, Elia.
-Buenas noches, Alec.
Un escalofrío recorrió la nuca de Alec cuando ambas miradas se encontraron, no quiso saber el motivo de la repentina tarjeta de invitación ni como, pero como el predijo, ella volvería a el.La pequeña desabrochó un par de botones de su camisa blanca. Se puso de puntillas y lo besó con una intensa ternura. Las manos de él sujetaron las mejillas de la niña siguiendo rítmicamente aquel pulso entre sus lenguas. Elia pasó los brazos alrededor de su cuello besándole con más fuerzas y Alec acaricio sus muslos finos y suaves y con un ligero movimiento la levantó, pegando su pequeña espalda a la pared y perfilando sus labios con la punta de la lengua [...]
Esa chiquitita le robaba la razón.Pero ese hombre la hacía realmente disfrutar tras un mal día.
jueves, 14 de enero de 2010
Alec.
Noche. Noche de miércoles. Noche de angustia y golpes. Noche de camino a casa. Noche de lluvia. Noche tan larga que parece que nunca va a acabar. Elia camina despacito por la acera, con una gasa pegada al pómulo y la sonrisa mas amarga. Cruza la última esquina hasta llegar a su bloque de pisos y lo encuentra apoyado en su entrada. La oscuridad lo cubre y Elia entrecierra los ojos para ver mejor. Chaqueta de cuero negra, unas Ray-Ban aviator y un Malboro en la boca.
-No acudiste a donde te pedí.
Lo mira indignada, su tono es fastidiado y la irrita aun más.
-¿Qué te ha pasado?
Esta vez lo dice intranquilo y acaricia la mejilla de la niña. Ella responde apartándole la mano.
-Mira, chaval, no conozco ni tu nombre ¿te crees que voy a quedarme más tiempo charlando contigo? Lo tienes crudo –dice y le guiña un ojo.
-Alec
-¿Qué?
-Así me llamo, pequeña.
-Pues bien por ti –hace un amago de abrir la puerta pero el brazo de él se lo impide- apártate imbecil.
-¿Cómo te llamas?
-Aparta.
-Responde y lo haré.
-Elia, y ahora desaparece de mi camino.
El se ríe dejando ver sus blancos dientes y se acerca aun más a la niñita.
-Aun me debes una cita, una explicacion y una recompensa, no lo he olvidado.
Elia se acerca aun más y deja sus labios a dos centímetros de los de Alec. Nota como el va descendiendo para que se choquen pero ella tiene una idea un poco mejor y después de unos segundos contempla desde dentro del portal como se retuerce.
-¿PERO QUE COÑO HACES? –Escupe mientras se agarra la entrepierna y se arquea- pronto nos veremos niñita, esto no acaba aquí.
Elia ríe satisfecha, mientras una parte de su mente revive su risa y el reflejo de sus ojos negros tras el cristal de las gafas de sol.
-No acudiste a donde te pedí.
Lo mira indignada, su tono es fastidiado y la irrita aun más.
-¿Qué te ha pasado?
Esta vez lo dice intranquilo y acaricia la mejilla de la niña. Ella responde apartándole la mano.
-Mira, chaval, no conozco ni tu nombre ¿te crees que voy a quedarme más tiempo charlando contigo? Lo tienes crudo –dice y le guiña un ojo.
-Alec
-¿Qué?
-Así me llamo, pequeña.
-Pues bien por ti –hace un amago de abrir la puerta pero el brazo de él se lo impide- apártate imbecil.
-¿Cómo te llamas?
-Aparta.
-Responde y lo haré.
-Elia, y ahora desaparece de mi camino.
El se ríe dejando ver sus blancos dientes y se acerca aun más a la niñita.
-Aun me debes una cita, una explicacion y una recompensa, no lo he olvidado.
Elia se acerca aun más y deja sus labios a dos centímetros de los de Alec. Nota como el va descendiendo para que se choquen pero ella tiene una idea un poco mejor y después de unos segundos contempla desde dentro del portal como se retuerce.
-¿PERO QUE COÑO HACES? –Escupe mientras se agarra la entrepierna y se arquea- pronto nos veremos niñita, esto no acaba aquí.
Elia ríe satisfecha, mientras una parte de su mente revive su risa y el reflejo de sus ojos negros tras el cristal de las gafas de sol.
miércoles, 13 de enero de 2010
Miercoles.
La semana se había pasado en un santiamén. Ya era miércoles otra vez, el día en que la niña y su papá, quedaban para verse. Elia escondía sus finas muñecas bajo una sudadera negra un poco grande para sus dimensiones. No prestaba atención al mundo que la rodeaba pero se asustaba con facilidad. Frente a la puerta principal una cámara anunciaba su llegada, y un hombre de pose firme y segura salía a s encuentro.-Buenos días Elia.
-Buenos días papa.
-Vamos, ¿piensas quedarte ahí todo el día o prepararás algo para desayunar niña vaga?
-Claro, ¿que te apetece hoy papá?
Elia contaba ya sus casi 16 años y seguía siendo igual de ridícula que con cinco. Pero realmente, ahora solo intentaba evitar una paliza que con mucha suerte conseguiría olvidar.
Odio tener que llamarle papá...Sumida en sus pensamientos como estaba, no vio venir la estocada de su querido padre. El golpe en las costillas la dejó sin respiración durante unos instantes.
-Como no me prepares el puto desayuno en menos de 10 minutos tu y yo vamos a tener un grave problema puta.
Ella se limitó a asentir y a cocinar. El hombre salió de la cocina, no eran más que siete de la tarde y ya estaba bebido. A la chica le entraron ganas de llorar, sentía lastima por su padre, quería ayudarle a avanzar, a que no se destruyera la vida y de paso...que no la arrastrara al infierno de cada Miércoles.
Un poco de esto, un poquitín más de lo otro y... ¡listo!Las voces de su padre empezaban a sonar más altas y peligrosas. Elia se apresuró a terminar y a llevarle la bandeja a su padre, que para no variar, le tiró a la cara.
-¡me cago en la puta! No sabes hacer nada bien ¿eh? Sí, tápate la cara, tápate esa preciosa boquita, ¡porque te la voy a destrozar en cuanto te descuides niñata!
Elia pensó en huir, pero eso solo lo enfurecería más, así que, se irguió lentamente y espero el golpe que seguramente volvería a partirle el labio por... bueno, no recuerda cuantas van ya.
martes, 12 de enero de 2010
Pesadillas.
Se desperto bañada en sudor y con la respiracion entrecortada. No dejaba de temblar y sus dientes castañeaban pero no era el frio del crudo invierno que acechaba la ciudad por lo que tiritaba. Otra pesadilla mas, otra vez su padre, otra vez las palizas... Se incorporo levemente e intento recordar la noche anterior pero el alcohol habia borrado todo rastro y solo recordaba sus ojos negros. Encendio la lamparita de la mesilla y se miro al espejo. Tenia unas pocas ojeras, restos del maquillaje de ayer y el pelo alborotado. Se ducho rapidamente, desayuno una tostada con cafe y cuando terminaba de peinarse su rizado pelo, sono el timbre.
Era el. Pero... ¿Que hacia alli?¿Como sabia donde vivia?¿La habia seguido?¿Que queria? Una pequeña tarjeta se deslizo debajo de la puerta: "esta noche en parque de la esquina" y nada mas. Se rio de si misma cuando se dio cuenta de que por absurdo que pareciera, deseaba con todas sus fuerzas volver a ver su picara sonrisa. Sin embargo, nunca llego a acudir a la cita, aquel dia era miercoles...
Era el. Pero... ¿Que hacia alli?¿Como sabia donde vivia?¿La habia seguido?¿Que queria? Una pequeña tarjeta se deslizo debajo de la puerta: "esta noche en parque de la esquina" y nada mas. Se rio de si misma cuando se dio cuenta de que por absurdo que pareciera, deseaba con todas sus fuerzas volver a ver su picara sonrisa. Sin embargo, nunca llego a acudir a la cita, aquel dia era miercoles...
La pequeña de ojos verdes.
La niña de papa entraba en ese antro sobre la madrugada. Se colaba entre la gente hasta llegar a la barra del bar. Pide algo doble, que toma de un sorvo, dejando que el alcohol corra por sus venas y que esa sensacion de calor la inunde. Ya no ve nada pero decide tomar algo mas, quiere beber. Intoxicada, solo quiere bailar y nada la va a frenar. Se mueve entre la gente, bailando sensual. De momento todo le va bien, a olvidado que en casa la esperaban, va ciega y no recuerda, no le recuerda. Va al baño balanceandose y se apoya contra el marco donde, aturdida, cae bruscamente sobre el suelo. Nota que alguien la coje en brazos y la saca del local, un chico alto, rubio y con los ojos mas negros que a visto nunca, profundos.
-Eh eh no des patadas, pequeña.
-¿QUE HACES? ¡SUELTAME!
-Tranquilizate niña, si no te hubiera sacado ahora serias un desperdicio -le dice brusco mientras la deja sentada sobre el suelo. -Ademas ¿No eres muy pequeña para estar en sitios como este?
Elia no se limita ni a responder, se levanta balanceandose, le mira ironica y se va.
-¿A donde crees que vas asi? -susurra despues de agarrarla el brazo.
-A donde me de la gana -escupe de mala gana.
-Sube a la moto -dice y señala con el dedo una impresionante moto azul y negra mientras ahoga una risa- Te llevare a casa niña, solo falta que pierdas el chupete.
-No, veras, siempre me han dicho que no hable con desconocidos-pronuncia ironicamente.
-¿Ah, si? Pues seguro que tu madre estara encantada de ver lo puesta que estas.
-Mi madre esta muerta, capullo -le dice mientras para a un taxi y tras mirarlo con asco, se mete dentro.
Elia recuerda la cara del chico, esos ojos... esos ojos casi hacen que se pierda, casi hacen que olvide todo, como si fueras mejor que el alcohol y cualquier mierda de las que ella habia tomado.
Mientras tanto, el la sigue desde cerca, queriendo averiguar donde vive la niñita de los ojos verdes.
-Eh eh no des patadas, pequeña.
-¿QUE HACES? ¡SUELTAME!
-Tranquilizate niña, si no te hubiera sacado ahora serias un desperdicio -le dice brusco mientras la deja sentada sobre el suelo. -Ademas ¿No eres muy pequeña para estar en sitios como este?
Elia no se limita ni a responder, se levanta balanceandose, le mira ironica y se va.
-¿A donde crees que vas asi? -susurra despues de agarrarla el brazo.
-A donde me de la gana -escupe de mala gana.
-Sube a la moto -dice y señala con el dedo una impresionante moto azul y negra mientras ahoga una risa- Te llevare a casa niña, solo falta que pierdas el chupete.
-No, veras, siempre me han dicho que no hable con desconocidos-pronuncia ironicamente.
-¿Ah, si? Pues seguro que tu madre estara encantada de ver lo puesta que estas.
-Mi madre esta muerta, capullo -le dice mientras para a un taxi y tras mirarlo con asco, se mete dentro.
Elia recuerda la cara del chico, esos ojos... esos ojos casi hacen que se pierda, casi hacen que olvide todo, como si fueras mejor que el alcohol y cualquier mierda de las que ella habia tomado.
Mientras tanto, el la sigue desde cerca, queriendo averiguar donde vive la niñita de los ojos verdes.
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