lunes, 18 de enero de 2010

La invitacion.

Sonó el timbre y a ella se le acelero el corazón. No hacia más que un par de días cuando llegó al local en el cual le conoció y le entrego una pequeña tarjeta al camarero para él.
Le hizo esperar un poco, su madre siempre le había dicho que a los hombres hay que hacerles esperar. Se arregló la blusa y la falda del uniforme de la escuela y adornó, con las manos, su pelo antes de abrir la puerta.
-Buenas noches, Elia.
-Buenas noches, Alec.
Un escalofrío recorrió la nuca de Alec cuando ambas miradas se encontraron, no quiso saber el motivo de la repentina tarjeta de invitación ni como, pero como el predijo, ella volvería a el.La pequeña desabrochó un par de botones de su camisa blanca. Se puso de puntillas y lo besó con una intensa ternura. Las manos de él sujetaron las mejillas de la niña siguiendo rítmicamente aquel pulso entre sus lenguas. Elia pasó los brazos alrededor de su cuello besándole con más fuerzas y Alec acaricio sus muslos finos y suaves y con un ligero movimiento la levantó, pegando su pequeña espalda a la pared y perfilando sus labios con la punta de la lengua [...]
Esa chiquitita le robaba la razón.Pero ese hombre la hacía realmente disfrutar tras un mal día.

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