martes, 19 de enero de 2010

La miel.

Buscó por toda la habitación. Lanzó la ropa por los aires y los cajones detrás; Vació el armario lanzando los objetos de su interior al suelo; Rompió aquella foto desgastada, vieja y olvidada en la que dos jóvenes se besaban en medio de una calle transitada; Mira debajo de la cama pero solo encuentra el polvo del recuerdo; Aparta con brusquedad aquel espejo de la encimera haciendo que se fragmente en mil cristales que ahora yacen en el suelo; Tira todo lo que encuentra contra las paredes grises y aparta con tosquedad las mantas, y las sabanas blancas y se tira sobre el desnudo colchón... ¡Ahí! ahí esta su olor, el único espacio de esa habitación que aun lo conserva. El magnifico hedor de su miel, aquella dulzura a la que le hizo adicto.
-Janette, mi pequeña Jane... te llevaste toda la miel contigo.

Tragó saliva y aspiró una bocanada de aire antes de aullar, de gritar en silencio lo mas alto que nadie pudo hacerlo mientras en una pequeña habitación de hotel, Janette comía con la cuchara grande, dejando que sus lagrimas resbalaran hasta aquel botecito lleno de miel que llevaba el nombre de John.

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