lunes, 25 de enero de 2010

La verdad.

La siguió. Estaba hartándose de tanto secreto y aquel miércoles Alec la siguió.
Elia caminaba distraída por la avenida, llevaba el pelo recogido en un moño descuidado y un vestido corto verde que hacía que sus ojos brillaran más. Estaba realmente guapa. Vio como se perdía en un sombrío callejón hasta una casa antigua.
-Mierda… -se quejó Alec.
Afinó el oído. Nada. Unas voces y silencio. Nada otra vez. Un golpe. Unos sollozos. Nada. Un grito. ¿Un grito? Alec se alarmó y llamó a la puerta, pero nadie abrió. Quejas de nuevo. Silencio. Llamó a Elia.
-Deje su mensaje después de la señ… -cuelga.
Nota como le sudan las manos, su sonrisa se ha convertido en una mueca de preocupación e impaciencia. Se mueve de un lado a otro, sin saber que hacer, mientras se fuma un Malboro velozmente, aspirando el cigarrillo con fuerza. Se sienta en unos escalones cercanos a la casa y se recuesta sobre la pared sin dejar de vigilar la vivienda por la que su pequeña ha desaparecido, ahora recapacita que no ha sido buena idea venir.

Se despierta al oír varios lamentos. “Mierda, me he quedado dormido” piensa y mira con el rabillo del ojo a su alrededor recordando que hace allí. En una esquina del callejón, detrás de unas bolsas de basura, una chica llora tirada en el suelo.
-¿Hola? ¿Hay alguien ahí? -No hay respuesta.-¿Qué te pasa?
-¿ALEC?
-¿ELIA?
Alec corre hacía ella y se arrodilla a su lado mientras la niñita se acurruca en sus brazos.
-Pequeña… ¿Qué te han hecho?
-Llévame a casa, quiero irme a casa –dice en un suspiro mientras sus brillantes ojos verdes se han convertido en un color seco, el color del miedo, del dolor. Su vestido esta rasgado por varias zonas y su pequeño cuerpo esta teñido de moratones.
Esa noche la pasan en casa de él, mientras Alec cura sus heridas con gasas, alcohol y amor, la pequeña le cuenta la verdad, toda la verdad. Él no dice nada, ella llora toda la noche. Ella le pide que no la deje sola, él la promete que se va a quedar a su lado. Él la pide un beso, ella se lo da. Ella le susurra un “te quiero”, él la responde “yo, más”.

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