miércoles, 13 de enero de 2010

Miercoles.

La semana se había pasado en un santiamén. Ya era miércoles otra vez, el día en que la niña y su papá, quedaban para verse. Elia escondía sus finas muñecas bajo una sudadera negra un poco grande para sus dimensiones. No prestaba atención al mundo que la rodeaba pero se asustaba con facilidad. Frente a la puerta principal una cámara anunciaba su llegada, y un hombre de pose firme y segura salía a s encuentro.
-Buenos días Elia.
-Buenos días papa.
-Vamos, ¿piensas quedarte ahí todo el día o prepararás algo para desayunar niña vaga?
-Claro, ¿que te apetece hoy papá?
Elia contaba ya sus casi 16 años y seguía siendo igual de ridícula que con cinco. Pero realmente, ahora solo intentaba evitar una paliza que con mucha suerte conseguiría olvidar.
Odio tener que llamarle papá...Sumida en sus pensamientos como estaba, no vio venir la estocada de su querido padre. El golpe en las costillas la dejó sin respiración durante unos instantes.
-Como no me prepares el puto desayuno en menos de 10 minutos tu y yo vamos a tener un grave problema puta.
Ella se limitó a asentir y a cocinar. El hombre salió de la cocina, no eran más que siete de la tarde y ya estaba bebido. A la chica le entraron ganas de llorar, sentía lastima por su padre, quería ayudarle a avanzar, a que no se destruyera la vida y de paso...que no la arrastrara al infierno de cada Miércoles.
Un poco de esto, un poquitín más de lo otro y... ¡listo!Las voces de su padre empezaban a sonar más altas y peligrosas. Elia se apresuró a terminar y a llevarle la bandeja a su padre, que para no variar, le tiró a la cara.
-¡me cago en la puta! No sabes hacer nada bien ¿eh? Sí, tápate la cara, tápate esa preciosa boquita, ¡porque te la voy a destrozar en cuanto te descuides niñata!
Elia pensó en huir, pero eso solo lo enfurecería más, así que, se irguió lentamente y espero el golpe que seguramente volvería a partirle el labio por... bueno, no recuerda cuantas van ya.

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