lunes, 14 de junio de 2010

Lo que no conocemos.

Amaia se despertó pronto para estudiar. Sonrió a cada espejo y bailó por toda la casa mientras se comía una tostada. Cerró, por unos segundos, los ojos con fuerza recordando lo que había pasado desde que le conoció. Él ya era suyo. Sonrió de nuevo y pensó en la forma que tiene de besarla, de hacerla reir, de acariciarla y de morderla el labio. Se colocó delante del libro de historia. Que ojos más bonitos tiene, como si escondiera un mar en ellos... ¡Basta!

En la otra punta de la ciudad él también despertaba, no para estudiar, se levantaba de algún sofá de algún bar de mala reputación en el que había saboreado algo más que alcohol y drogas. Habían pasado más de tres chicas entre sus labios. Tres chicas a las que besaba, hacía reir, acariciaba y mordía el labio como a Amaia. Tres chicas que, seguramente, despertaban en sus casas con la misma sensación en el estómago y que, sin dudarlo, volverían aquella misma noche a buscarlo. Sin embargo, el ya no estaría para ver sus ojos tristes en la barra del bar. Quizá le esperarían hasta que algún desesperado las invitara a una copa. Él estaría con la pequeña niña que todavía no había conseguido descorchar. Con Amaia. Aquella niñita tenía algo distinto en la mirada, pero Jack no tenía tiempo para descubrirlo. Él era un espíritu libre.

1 comentario:

SuperFriki dijo...

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