lunes, 12 de julio de 2010

Aprecia lo que tienes

Paul nunca apreció lo que tenía. De pequeño no cuidaba sus juguetes. Cuando los perdía, lloraba. Nunca aprovecho las oportunidades que le dieron en la escuela, lo echaron de varias y cuando tuvo que mudarse a buscar nuevas, lloró. No apreciaba a sus amigos, actuaba como un lider, como el mejor, como si fueran inferiores. Cuando le dieron de lado, los echo de menos. No cuidaba a sus padres, los trataba mal y cuando ellos murieron en un accidente de tráfico, los echaba de menos. Pero lo que menos apreció fue el amor. Marie, adolescente loca, cariñosa, cabezota. Marie, de ojos verdes, de pelo largo y rubio, delgadita. Marie, delicada, frágil y fuerte delante de los demás. Se encaprichó de ella y ella se enamoró. Vivieron demasiadas tardes en la playa, caricias en la cama, besos, sonrisas. Vivieron demasiados celos, demasiado dolor, lágrimas por parte de ella. Él se creía superior, pensaba que sin él, ella no era nada. Tonteaba con otras tías y cuando ella tenía algún amigo, Paul se enfadaba. Ella lo dió todo por el, dejó de quedar con sus amigas para estar con él, pues ellas la decian que la manipulaba y Marie pensó que la tenían envidia, tal y como decía Paul. La decía que los querían separar y la susurraba te quiero para convencerla. Sin embargo, eran pocos los te quiero que la daba, cuando él lo pedía follaban, se extinguía el amor, a veces la insultaba.
-Se acabó.
Fueron las últimas palabras de ella. Al principio, Paul se rió, no pensaba que sería de verdad, que la echaría de menos. El buscaba libertad y había perdido a la chica que se la daba. No apreció lo que tenía hasta lo que perdió, hasta que la niña de ojos verdes se hartó y después de meses con su carita triste, volvió a recuperar su alegría, sus mechones rubios relucieron, sus ganas de amar aumentaron y sus amigas la volvieron a apoyar enseñandola lo ciega que había estado. Paul se sintió más solo que nunca y la pidió perdón mil y una veces, pero ella no quería más dolor. Paul pasaba las noches bañado en ron, cigarros y lágrimas. Planeando como conquistarla, como recuperarla y se dio cuenta lo mucho que la amaba y lo muy cabrón que había sido. La enviaba rosas, cartas, canciones, recuerdos, fotos y lo poco que le quedaba. Ellas las rompía y el se rendía. Se le escapó el amor y todo por no apreciarlo, se quedó sin nada.

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