lunes, 16 de agosto de 2010

Discover me, discovering you.

Sadie era distinta, ella amaba volar con la imaginación, experimentar
sabores y olores nuevos, llenar su mundo de color, viajar, soñar. Y Jude, lo
sabía. Él, amaba sus cabellos rojizos salvajes como los caballos del sur; Amaba
sus ojos negros, profundos como un océano; Amaba sus curvas, su boca suave y
tierna como un melocotón; Amaba su forma de ver las cosas, como duerme y como
habla con la boca llena; Amaba su pequeña nariz, y las pecas que invadian la
misma; Amaba su sonrisa de cielo, la forma en la que se mordía el labio
pícaramente y su perfume de violetas.

-¿Qué quieres hacer hoy, cabecita loca?
-Quiero desayunar en la playa, sí, y recorrernos la ciudad en busca de
ese perfume, ese que llevaba aquella chica del bar que tanto me gustó y cuando
lo encontremos comer en el restaurante más caro de la ciudad con los ojos
vendados y tapones en los oídos, ya que una comida "tan exquisíta! -hizo énfasis
en exquisíta con una risita- solo se saborea cuando los demás sentidos están
apagados! Después tomaremos una siesta en algúna cala solitaria y haremos el
amor en la arena y cuando anochezca cenaremos a la luz de las velas, sí, quiero
dos grandes velas rojas ¡de estas que huelen a vainilla! y nos bañaremos en el
mar mirándo las estrellas mientras nos amamos hasta ver amanecer, y entonces,
quizás, volveremos a desayunar en la playa.

Él la besó como a ella tanto le gusta, le encantaba planear el día y sobretodo, cumplirlo con él. Sabía que Jude haría lo que fuera por hacerla feliz, le encantaba verla sonreir como una niña pequeña. Por su parte, Sadie amaba descubrir, poco a poco, que él era lo que siempre había soñado.

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