viernes, 15 de enero de 2010

No hay sitio para ti.

Llevaba tan solo unas horas sentado en aquella habitación y ya le parecían días. John pensaba en que la iba a decir cuando los ojos de ella estuvieran empapados en lágrimas, en como iba a reaccionar. Pensaba que ella estaría pensando en esa noche, en como sus cuerpos se habían fundido en uno y en el tiempo que habían pasado juntos entre esas cuatro paredes. Janette sabia que esa noche para él no había sido nada más que eso, otra noche más con otra chica entre sus sabanas. Sabía que no la recriminaría nada por haber engañado a su portero hace unas semanas para que la dejase entrar en la casa, pero que tampoco la invitaría a quedarse una noche más. Pensaba que él estaba pensando en alguna ñiñata, en como la había empotrado contra una pared cualquiera, en un callejón cualquiera, en como le había sonreído, y en como, después de llevarla a desayunar, le había dicho que tenía que irse a la facultad.Se miraron un par de segundos hasta que el habló.
-Tienes que irte.
-Hoy no tengo que acudir a la universidad, pensé que podría…
-¿Qué? ¿Quedarte más tiempo? –Escupió de mala gana y añadió- este sitio es demasiado pequeño para los dos, y es mi casa.
-Venga John, siempre me has dicho que aquí hay un sitio para mí.
-¡No lo hay!
Janette suspiro y se vistió lentamente mientras John la observaba desde la otra esquina de la habitación. Se acerco a él susurrándole te quiero, pero la rechazo.
-Ay criatura, ¿sigues pensando que te quiero? –Expresó el chico con una sonrisa cargada de ironía- No me mires así y no llores…Ya no te quiero, yo no te quiero.

Ella se fue dando un portazo y dejando que las lagrimas mas amargas brotaran por su oscuros ojos.
Y a las pocas horas, el moría de amor. El moría sin haberle dicho nunca que la amaba.

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