contador de visitas
Mostrando entradas con la etiqueta John. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de abril de 2010


-Yo solo quiero que olvides su nombre. Cuando te deje solo no te asombes. Que lo borres. ¿Por qué le temes? dímelo. ¿Por qué sigues atado? no es dueña de tu piel. ¿En que piensas cuando trituras tu corazón? yo en aquella noche. Pienso en todo lo que quería hacer y no hice. Pienso en todo lo que lloré y no he parado. Quiero volver a ese momento y decirte todo lo que mis boca se calló. Estúpida. Avergonzada. La vida es demasiado corta para arrepentirse. Pero ya no la quieres, ¿verdad? lo leo en tus ojos. Búscame, ya sabes donde y cuando. Como antes, como fugitivos.

-Pero..

-Sin ataduras, como un sueño. Rápido, como una estrella fugaz. Concéntrate en mi piel. Y recuerda, que nadie te quiero como yo.

sábado, 27 de febrero de 2010

Hello, i love you

Se despertó con la sensación de haber soñado con John. Estaba tirada en el suelo abrazada a su botecito de miel, se habría quedado dormida al final. “Mierda” pensó al darse cuenta de que se había acabado. Se miro al espejo y se palpó la tripa, analizando cada parte de ella. “Soy una puta foca” se dijo a si misma y volvió a echarse a llorar. Algo golpeo la ventana haciendo un pequeño ruido. Y otro golpe más, otro y otro. Refunfuño y se asomo sin secarse las lágrimas. John, John estaba allí plantado en su jardín, levantando una pancarta en la que se leía “Hello, i love you”. Esa era su canción, el titulo que habían escogido y nombrado suyo. Al darle la vuelta se descubrió un “Perdóname” pintado en grande. Jane estaba llorando pero sonreía. John se saco de la chaqueta algo que hizo que la chica corriera escaleras abajo y saliera descalza a la calle y se mojara con la lluvia y lo abrazara sin dudar. Era un botecito de miel en el que ponía “Eres lo mas dulce de mi vida, perdóname”.

lunes, 25 de enero de 2010

Amor sin amor.

Aquella noche el olor de la miel se había evaporado gracias al alcohol. Otra chica ocupaba su cama, envuelta en sus sabanas. John se levanto cuidadosamente para no despertarla y empezó a vestirse. Quería marcharse y para cuando volviese, ella tendría que haber desaparecido.
-¿Te vas ya? –dijo ella con los ojos aun cerrados.
-Como siempre, amor.
La chica lo agarró de la mano tirándole encima de ella.
-No, ahora no Aranxa…
-¿Pero que coño te ha pasado? Antes siempre me buscabas y últimamente cuando te busco yo, ¿me rechazas? –gritó- Johny, no quiero que me hagas el amor, ¡quiero que me folles como hacías antes de que esa niñata entrara en tu vida!
El no dijo nada, se quito el cinturón de un tirón disparándolo contra la pared y se tumbó sobre ella con fuerza, con rapidez. Aranxa no desaprovecho la embestida y gritaba de delicia, mientras unas escurridizas lágrimas cruzaban el rostro de John.

"Oh mi dulce miel, no tengas en cuenta que manche nuestra cama de otro olor, esto es amor sin amor"

martes, 19 de enero de 2010

Mas de cinco dias antes.

Janette abrió la puerta pesadamente. Había tenido una tarde infernal y solo deseaba relajarse. Tiró las llaves al sofá mientras se quitaba su cazadora vaquera y se encaminó a la cocina a la vez se le escapaba un bostezo. Pegó un chillido y abrió los ojos como platos al comprobar que su botecito había desaparecido. Recorrió con sus pequeñas manos cada estante y cada cajón de la cocina desesperándose a cada movimiento y unas pequeñas lágrimas nacieron en sus ojos mientras se caía rendida en el suelo. Se levantó después de unos minutos y se dirigió a la habitación.
-¡MI MIEL!
-Eh… hola Jane.
Ella cogió ágilmente el tarro y alterada empezó a gritar.
-Me has quitado mi miel ¡y te la has comido!
-¡Eres tu la culpable de hacerme adicto a esta delicia!
-¡PERO ES MIA!
John sabía perfectamente que la miel era una de las pocas cosas que hacían que Janette se tranquilizara, se relajara y lo que le daba suficiente energía para terminar el día. Era una pequeña obsesión como cuando la gente abatida come helado o chocolate para desahogarse. Pues ella necesitaba la miel… y a él.
-Ven aquí tontorrona, y termínala conmigo.
Era tan dulce o más que la miel, y en efecto, ella lo prefería a él. Janette se tumbó encima de el, derramando parte de la miel en la sábana y rieron juntos, con un ritmo acompasado de risas y besos.
-Jane, tan golosa, tan dulce como la miel que devoras, me has convertido en adicto.
-¿De la miel?
-Y de ti.

Entre la dulcura que habia quedado en la cama, se fundieron dos en uno y uno, en dos. Dejando su olor pegado en la habitacion, ese olor, que ahora John echaba de menos.

La miel.

Buscó por toda la habitación. Lanzó la ropa por los aires y los cajones detrás; Vació el armario lanzando los objetos de su interior al suelo; Rompió aquella foto desgastada, vieja y olvidada en la que dos jóvenes se besaban en medio de una calle transitada; Mira debajo de la cama pero solo encuentra el polvo del recuerdo; Aparta con brusquedad aquel espejo de la encimera haciendo que se fragmente en mil cristales que ahora yacen en el suelo; Tira todo lo que encuentra contra las paredes grises y aparta con tosquedad las mantas, y las sabanas blancas y se tira sobre el desnudo colchón... ¡Ahí! ahí esta su olor, el único espacio de esa habitación que aun lo conserva. El magnifico hedor de su miel, aquella dulzura a la que le hizo adicto.
-Janette, mi pequeña Jane... te llevaste toda la miel contigo.

Tragó saliva y aspiró una bocanada de aire antes de aullar, de gritar en silencio lo mas alto que nadie pudo hacerlo mientras en una pequeña habitación de hotel, Janette comía con la cuchara grande, dejando que sus lagrimas resbalaran hasta aquel botecito lleno de miel que llevaba el nombre de John.

viernes, 15 de enero de 2010

No hay sitio para ti.

Llevaba tan solo unas horas sentado en aquella habitación y ya le parecían días. John pensaba en que la iba a decir cuando los ojos de ella estuvieran empapados en lágrimas, en como iba a reaccionar. Pensaba que ella estaría pensando en esa noche, en como sus cuerpos se habían fundido en uno y en el tiempo que habían pasado juntos entre esas cuatro paredes. Janette sabia que esa noche para él no había sido nada más que eso, otra noche más con otra chica entre sus sabanas. Sabía que no la recriminaría nada por haber engañado a su portero hace unas semanas para que la dejase entrar en la casa, pero que tampoco la invitaría a quedarse una noche más. Pensaba que él estaba pensando en alguna ñiñata, en como la había empotrado contra una pared cualquiera, en un callejón cualquiera, en como le había sonreído, y en como, después de llevarla a desayunar, le había dicho que tenía que irse a la facultad.Se miraron un par de segundos hasta que el habló.
-Tienes que irte.
-Hoy no tengo que acudir a la universidad, pensé que podría…
-¿Qué? ¿Quedarte más tiempo? –Escupió de mala gana y añadió- este sitio es demasiado pequeño para los dos, y es mi casa.
-Venga John, siempre me has dicho que aquí hay un sitio para mí.
-¡No lo hay!
Janette suspiro y se vistió lentamente mientras John la observaba desde la otra esquina de la habitación. Se acerco a él susurrándole te quiero, pero la rechazo.
-Ay criatura, ¿sigues pensando que te quiero? –Expresó el chico con una sonrisa cargada de ironía- No me mires así y no llores…Ya no te quiero, yo no te quiero.

Ella se fue dando un portazo y dejando que las lagrimas mas amargas brotaran por su oscuros ojos.
Y a las pocas horas, el moría de amor. El moría sin haberle dicho nunca que la amaba.

lunes, 11 de enero de 2010

El postre perfecto.


Desnudo salio de la ducha. El agua se derramaba desde su pelo, recorriendo sus músculos lentamente hasta el suelo. Iba dejando sus huellas por todo el oscuro pasillo mientras tarareaba la última canción que había repiqueteado en su estéreo. Entonces lo oyo, un ronroneo, “será el gato” recapacito sin detenerse a pensar, hasta que se paro en seco. “Yo no tengo gato”. Una media sonrisa bañó su rostro y mientras se revolvía el pelo, dejando caer las últimas gotas que el calor de su cuerpo no había absorbido, entro en la cocina. Allí la encontro, con solo un delantal corto y una cinta roja envuelta al cuello. La agarro por detrás, de la cintura y olio ansioso su pelo. Tan rizado, tan suave, tan largo, tan… tan suyo.
-Hoy vas a ser mi postre.
Ella sonrió complacientemente y, sin dejar que le dijera nada, la tumbo sobre la mesa y la beso, la comio la boca, haciéndose dueño de su miel, esa miel que desprendía, tan dulce. La hizo suya, solo suya hasta el amanecer. Revolcándose sobre la mesa entre el azucar, el chocolate, la miel y la canela. El postre perfecto.