domingo, 11 de abril de 2010
Libre.
-Eres mia, para siempre.
-No.
-¿Qué?
-No soy un animal para domar, no soy una ola que surfear, no soy un premio que ganar, una comida pagada, un reto, una apuesta. No puedes ponerme una etiqueta, no, aunque sea el motivo de tu felicidad, no puedes adueñarte de mi.
Y con una sonrisa, añadió.
-No, no soy tuya.
sábado, 13 de febrero de 2010
Se hizo mayor con sus besos.

Caminaba segura sobre sus Nike rosas y su chupa chus en la boca. Aquella tarde la había pasado con su gato y había tenido tiempo de contarle cada detalle de su tiempo sin el. Se dio cuenta de la cara que puso cuando hablaba de un chico del campamento y se carcajeó de sus celos mientras le revolvía el pelo.
Se giró por tercera vez con una sonrisa en la boca.
-¿Me estas siguiendo?
-No, no -Jensen se rió nerviosamente y añadió con ironía- solo caminaba hacia mi casa en dirección contraria.
Katherine enarcó una ceja y siguió caminando.
-Eh eh espera chiquitina, solo quería asegurarme de que llegabas bien a casa.
-¡Pero quedamos en que ya era mayor y podía cuidar de mi solita!
-Aunque aquel día me besaras, no te hace ser mayor –dijo mientras reía enérgicamente- ¡tienes que besar al menos dos veces!
-Buenas noches, gato.
-¿Qué?
-No sabia que decir por el terror.
-Kathe… yo… era broma.
-Ya estamos en mi portal.
Debajo de la luna Jensen estaba perfecto. Sus dientes brillaban escondidos entre sus deliciosos labios; Sus ojos te hipnotizan y hacen que te pierdas en ellos; Sus facciones perfectas; Su cuerpo atlético y estrecho… La chiquitina recordó una de las lecciones de Cloe "Si cuentas hasta diez y no te ha besado, no le interesas". Empezó a contar "uno, dos, tres, cuatro… ¡venga gato, bésame joder!, cinco, seis, siete…" Jensen sabía que detrás de ese silencio se ocultaba algo e intento descifrar lo que pensaba Katherine estudiándola con la mirada. "ocho, nueve… nueve y medio, nueve y tres cuartos y… diez". Resoplo.
-¿En que piensas chiquitina?
-¡Gato! ¿me vas a besar ya o voy a tener que volver a contar hasta diez?
Jensen sonrió y la beso mientras los dos se fundían entre risas, mordiscos de labios y el jugueteo de dos lenguas ansiando alcanzar la otra.
sábado, 6 de febrero de 2010
¿El indicado?
-¡Hola Cloe! –dijo con una sonrisa dibujada en la cara.
-Vale, ¿Qué pasa esta vez?
-¿Te acuerdas de Jensen?
-Ah si, ese chico de bachiller.
-¡Me a besado! –chilló- bueno, yo le he besado mejor dicho.
Su dulce voz estaba adornada con la más perfecta de sus sonrisas y sus ojos chispeaban de felicidad.
-¿Cómo? Pero Kathe, es mayor que tu y ya se que este verano os habéis llevado genial y tal pero…
-¡Pero nada! ¡Es muy mono tía!
-Tía que luego acaba mal como todos, solo te pido que tengas cuidado, no quiero volver a verte decepcionada, tirada en la cama casi un mes y sin esa risita en tu boca.
-No Cloe, este es el de verdad, lo se –la abrazo con fuerza- ¡confía en mi!
Y se fue bailoteando y dando giros por el parque; Cantando y riendo, feliz, joven, libre, descuidada y fresca; En dirección a la playa donde volvería a ver a su gatow.
-En quien no confío es en el... –susurro Cloe aunque nadie pudiese escucharla.
miércoles, 20 de enero de 2010
El reencuentro.
La niñita recorrió con sus azules ojos todo el parque y un brillo especial apareció en su pupila al verlo.
-MI gatow –dijo mientras se fundían en un intenso abrazo lleno de ternura.- ¡te he echado de menos!
Jensen examino los rasgos de su amiga una vez más. Había crecido tanto que casi le costaba reconocerla: sus ojos cielo parecían aun más índigos y su castaño pelo ondulado se había convertido en un liso refinado; había crecido algunos centímetros, pero aun conservaba su pícara sonrisa; sus pechos habían aumentado de tamaño y ahora tenían una forma redondeada; Y se envolvía en un vestidito corto que dejaba ver sus largas piernas.
Su gato, sin embargo, seguía igual que hace cuatro meses.
-Yo también te he echado de menos y por lo que veo, sigues siendo una enana –rió mientras le revolvía el pelo.
-¡No seas bobo! –dijo a la vez que reía.
Kathe seguía igual de alegre, libre y de descuidada. Con su pequeña sonrisa siempre presente y sus ganas de disfrutar, como si nunca tuviera problemas, ¡o como si ni siquiera conociera esa palabra! Era realmente preciosa, pensó Jensen.
-¿Y ya has dado tu primer beso?
-Bueno… yo… aun no –explicó con timidez.
-¡Entonces sigues siendo una enana!
-¿Enana? ¡Ya veras!
Y le besó. Le besó con su magia, mientras se colgaba de su cuello. Un beso alegre, despreocupado, libre, fresco. Y el gato se quedo quieto, paralizado.
-¿Contento? Venga, ¡vamos! Ya puedo hacer cosas de mayores –dijo mientras se reía y giraba sobre si misma.
Jensen la siguió sin decir nada, mientras una sonrisa tonta se dibujaba en su cara y un pequeño cosquilleo germinaba en su estomago.