lunes, 11 de enero de 2010

El postre perfecto.


Desnudo salio de la ducha. El agua se derramaba desde su pelo, recorriendo sus músculos lentamente hasta el suelo. Iba dejando sus huellas por todo el oscuro pasillo mientras tarareaba la última canción que había repiqueteado en su estéreo. Entonces lo oyo, un ronroneo, “será el gato” recapacito sin detenerse a pensar, hasta que se paro en seco. “Yo no tengo gato”. Una media sonrisa bañó su rostro y mientras se revolvía el pelo, dejando caer las últimas gotas que el calor de su cuerpo no había absorbido, entro en la cocina. Allí la encontro, con solo un delantal corto y una cinta roja envuelta al cuello. La agarro por detrás, de la cintura y olio ansioso su pelo. Tan rizado, tan suave, tan largo, tan… tan suyo.
-Hoy vas a ser mi postre.
Ella sonrió complacientemente y, sin dejar que le dijera nada, la tumbo sobre la mesa y la beso, la comio la boca, haciéndose dueño de su miel, esa miel que desprendía, tan dulce. La hizo suya, solo suya hasta el amanecer. Revolcándose sobre la mesa entre el azucar, el chocolate, la miel y la canela. El postre perfecto.

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